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13 dic. 2016

¿Estás seguro de que ésa es una buena inversión?

by Juan Francisco Gisbert

¿Estás seguro de que ésa es una buena inversión?

Acometer una inversión es todo un reto para la empresa y para sus gestores, y es algo que inevitablemente tendrán que afrontar para crecer, por lo que es importante prepararse adecuadamente y seguir una serie de pasos para maximizar las probabilidades de éxito. ¿Estás seguro de que ésa es una buena inversión?

La empresa está en un gran momento, crece en ventas, los costes están controlados y la tesorería fluye cómodamente. Pero lo más importante es que hay oportunidades de seguir creciendo, y no las vas a desaprovechar. Pero también sabes que la empresa necesita inversiones, y aunque intuyes cuáles necesita, te falta ese último empujón para decidir qué inversión acometer, y sobre todo, cómo hacerlo.

En este artículo vamos a tratar de orientarte para que analices, prepares y ejecutes tus inversiones de manera adecuada y controlando los riesgos.

1. Decide en qué vas a invertir

Excluyendo aquellas inversiones que sean exigibles legalmente por diversos criterios (medioambientales, etc.), las empresas invierten por dos motivos:

  • para vender más
  • para ser más rentables
  • o una combinación de ambos

Pero dado que los recursos para invertir son limitados, es necesario priorizar. Es habitual que las inversiones vayan guiadas por la demanda del mercado, pero la empresa está obligada a analizar con antelación el impacto que una inversión tendrá en sus resultados y en su estructura financiera para seleccionar la más adecuada.

Una buena práctica es priorizar las inversiones en función de su impacto en el margen de contribución de la empresa [1], especialmente cuando ésta tiene varias líneas de negocio; Cada línea de negocio supone un porcentaje de las ventas totales de la empresa, y también supone un porcentaje del margen de contribución total. Lo habitual es centrar las inversiones en aquellas líneas de negocio que más margen de contribución aportan (en valor absoluto). Éste es un criterio “aséptico”, pero también hay inversiones de carácter estratégico que se acometen por otros motivos de posicionamiento en el mercado.

[1] El margen de contribución es el que genera la actividad operativa/productiva para pagar los gastos fijos (o gastos de estructura) de la empresa.

2. Analiza adecuadamente la inversión

Hay algunas magnitudes orientativas para valorar la rentabilidad futura de una inversión, fundamentalmente el VAN (Valor Actual Neto) y la TIR (Tasa Interna de Rentabilidad). La mejor forma de analizar el impacto de una inversión es proyectando a detalle un flujo de tesorería a varios años y teniendo en cuenta todos los factores relevantes:

  • cómo crecerán las ventas como consecuencia de la inversión
  • cómo evolucionarán los costes
  • cuántos empleados nuevos será necesario incorporar
  • cómo se va a pagar la deuda en caso de que sea necesario endeudarse para la inversión, etc.

Recuerda que las ventas siempre suelen ser menores de lo previsto, y los gastos mayores. Aplica criterios razonables en tus previsiones.

Lo más importante (y donde suelen fallar los estudios de inversión) es incluir siempre en esa proyección el cálculo de las necesidades de capital circulante como consecuencia de la propia inversión. Entre el primer pago de la inversión y el primer cobro transcurrirá tiempo. En ese tiempo la empresa afrontará pagos que tardarán en producir cobros:

  • compras de materia prima que se gastará en pruebas;
  • personal de plantilla que dedicará tiempo a la puesta en marcha de la inversión;
  • nuevos equipos comerciales que tardarán en alcanzar las ventas previstas, etc.

La empresa necesitará fondos para asumir esos gastos antes de empezar a recuperarlos, son gastos inherentes a la inversión y que por tanto deben ser incluidos en ella.  La verdadera clave de un buen análisis de inversión está en afinar estos datos y traducirlos a números.

Tras realizar esta proyección, crea una gráfica que refleje la evolución de la tesorería de la empresa para los próximos años. Si esa curva es creciente y en ningún momento es menor que cero, la inversión es adecuada y está bien financiada. Si no, es necesario revisar algunos de los parámetros.

3. Manos a la obra

Una vez analizada la inversión, medido el impacto que tendrá en la cuenta de resultados y balance para los próximos años y cuantificada la necesidad de endeudamiento para financiarla, es el momento de conseguir esa financiación. A la hora de determinar qué financiación externa buscar es importante aplicar siempre estos dos principios:

  • Las inversiones SIEMPRE se deben financiar a largo plazo. Lo habitual es financiar parte con deuda externa y parte con fondos propios
  • En la medida de lo posible, se deben adaptar los plazos de la financiación a la vida útil de la inversión a realizar.

Es el momento de elaborar un buen Plan de Negocio que refleje por escrito el proyecto de inversión, qué objetivos se persiguen y por qué esa inversión es el mejor camino para lograrlos. Se deben exponer los riesgos e indicar cómo se van a controlar. Este documento será clave para presentarlo a quienes van a prestar el dinero para la inversión, ya sea un banco, una entidad de capital riesgo o una entidad pública. Será una prueba para ellos de que sabes perfectamente lo que vas a afrontar y cómo afrontarlo.

Si la empresa va a endeudarse con bancos, hay que tratar de mantener estable la estructura del pool bancario actual, repartir la inversión necesaria entre varias de las entidades con las que la empresa trabaja. Reflejará el compromiso de la empresa con ellas como parte del proyecto y además  facilitará la aprobación interna de las operaciones en sus departamentos de riesgos, es más fácil que aprueben varios préstamos pequeños en varias entidades que un gran préstamo en una sola, además de reducir la probabilidad de que exijan garantías reales.

Por último, y no por ello menos importante, una vez en marcha es fundamental controlar el desarrollo de la inversión, que se van cumpliendo:

  • las previsiones de ingresos
  • las previsiones de gastos
  • y los plazos de inversión.

Esto requiere un seguimiento mes a mes, porque si algo no sale según lo planeado, habrá margen para tomar medidas.

Ya te lo hemos dicho, acometer una inversión es todo un reto para la empresa y para sus gestores y es algo que inevitablemente tendrán que afrontar para crecer, por lo que es importante prepararse adecuadamente y seguir estos pasos para maximizar las probabilidades de éxito.

¡Si no lo tienes claro, llámanos y te ayudaremos a implantar tu estrategia financiera!

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