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01 abr. 2020

COVID-19: reflexiones macroeconómicas (para todos los públicos)

by Antonio Planes / Socio Director de Inforges Consultores

COVID-19: reflexiones macroeconómicas (para todos los públicos)
 

¿Cómo va a afectar la crisis del covid-19 a la economía? ¿Cómo nos va a afectar a las personas y a las empresas? En este post, Antonio Planes, Socio Director de Inforges Consultores, responde a ésta y a otras cuestiones reflexionando sobre la evolución de los distintos agentes macroeconómicos, mediante explicaciones accesibles para todos los públicos. ¿Te interesa? ¡Sigue leyendo!

En cuestión de pocos días nuestro país se ha hallado inmerso en una situación inimaginable para todos hace apenas semanas. Un llamado "cisne negro": un suceso que a priori nadie esperaba pero que tiene y tendrá un impacto socioeconómico profundo y global. La incertidumbre sanitaria y económica es abrumadora, e impactará notablemente en las personas, en los gobiernos y, por supuesto, en las empresas.

En estos días estamos viviendo situaciones que no se habían vivido en nuestra historia económica reciente. Como vemos día a día, se están tomando decisiones de mucho calado por parte de las autoridades con el objetivo de paliar los efectos económicos catastróficos que la pandemia está provocando de forma inmediata y también de prevenir las consecuencias que se van a dar una vez superada esta pesadilla.  Muchas personas quieren saber qué va a pasar después de salir de esta situación y en qué se traducen esas medidas en el día a día de personas y empresas, especialmente en el futuro más cercano.

El objetivo de este artículo es arrojar un poco de luz sobre esas cuestiones planteadas mediante explicaciones accesibles para todos.

En la economía existen unos agentes que se relacionan entre ellos: por una parte, tenemos a las personas, que somos las que compramos, las que consumimos directamente los productos y servicios en centros comerciales, cines, restaurantes, etc. Por otra parte, están las empresas: desde las grandes corporaciones que operan en mercados internacionales, hasta el autónomo, pasando por la pyme y micropyme. Y en el medio, tenemos una red que los entrelaza: el mundo de la distribución, integrado por las empresas que se dedican a hacernos llegar los productos que consumimos. De forma simplificada, así es cómo funciona una economía en situación normal, donde no hay sucesos de suficiente envergadura como para hacer peligrar esas relaciones que hacen fluir los productos desde donde se fabrican hasta su lugar de consumo.

El circuito antes descrito es un circuito de cosas “reales”, de bienes físicos y de servicios, pero que tiene una vertiente financiera: por cada transacción real que se lleva a cabo existe un flujo financiero (de dinero) mediante el cual pagamos lo que consumimos.

La crisis actual provocada por el COVID-19 nos ha obligado a los consumidores a quedarnos en casa confinados, por lo que no podemos consumir al ritmo habitual. Por tanto, ese flujo de bienes y servicios se reduce de forma muy acusada y eso lleva a que el flujo financiero antes mencionado se interrumpa, es decir, no llega dinero a las empresas.

Resultado: una crisis de demanda. Evidentemente, no afecta a todos los productos del mercado en la misma medida, puesto que impacta mucho más en los productos y servicios que consumimos fuera del confinamiento: hostelería, deporte, viajes… y además, también a productos como bienes inmuebles, bienes de equipo, automóvil, etc.

Las crisis de esta naturaleza son afrontadas por los gobiernos, en circunstancias normales, aplicando políticas fiscales y monetarias cuyo objetivo es que el consumidor disponga de más dinero en su bolsillo para gastar y así estimular el consumo. Sin embargo, en esta situación generada por la pandemia, aunque el consumidor tenga más dinero, no puede gastarlo en la medida que antes lo hacía, ya que no puede salir de casa.

Pero la situación se agrava: debido al confinamiento, las empresas dejan de producir porque no pueden hacer llegar a sus distribuidores la mercancía que a su vez tiene que llegar al consumidor. Además, también dejan de fabricar porque no reciben el material necesario para producir, ya que sus proveedores son incapaces de hacerles llegar esa mercancía por las restricciones a la libre circulación de determinados bienes.

Resultado: tenemos también una crisis de oferta, y las políticas que adoptan los gobiernos para afrontar esta situación tampoco sirven, sobre todo porque son políticas cuyo resultado se aprecia a medio y largo plazo.

Por tanto, nos enfrentamos simultáneamente a una crisis de demanda y a una crisis de oferta. Esta es la situación actual en el mercado de bienes y servicios.

Política monetaria expansiva - COVID-19

 

Analicemos ahora la vertiente financiera de la crisis, es decir, de flujos de dinero. Cuando en una empresa no entra dinero, evidentemente no puede hacer frente a los gastos. Los gastos fijos que soporta una empresa (aquellos que debe afrontar produzca o no produzca, venda o no venda), siguen existiendo, y por lo tanto debe hacerles frente. Es posible que pueda asumirlos durante un tiempo, dependiendo de la salud financiera de la propia empresa y de su estructura de capital, pero llegará el momento (generalmente cercano) en que la “hucha” se ha vaciado y es imposible afrontar esas obligaciones.

Esos gastos fijos incluyen los salarios que recibimos los trabajadores (para poder consumir, pagar la hipoteca, el alquiler… ) y también el pago de intereses y capital por la devolución de los créditos y préstamos que la banca ha prestado a las empresas para poder realizar sus inversiones y financiar su capital circulante. Con lo cual la crisis de oferta y demanda se propaga al mercado financiero: las entidades financieras pueden dejar de percibir el reembolso de las cantidades prestadas, pero no solamente de los créditos y préstamos de empresas sino también de particulares que hayan perdido su puesto de trabajo y no perciban salario. Esta situación puede llevar al colapso del sistema financiero.

La gran pregunta es: ¿qué hacer en estos casos? La respuesta: inyectar dinero en el sistema. Y ¿cómo lo hacemos? Por una parte, no detrayendo más dinero del sistema (relajando la recaudación fiscal) y por otra poner en marcha “la máquina de hacer dinero”. Sí, crear dinero de la nada e inyectarlo en la economía para que llegue a empresas y particulares a través de la banca. Hoy día “hacer dinero de la nada” es simplemente un apunte contable.

Estas medidas tienen una consecuencia evidente: un incremento sin parangón del gasto público, del déficit público y de la deuda, que se traducirá en un futuro cercano en una subida de la presión fiscal, necesaria para poder restablecer poco a poco el equilibrio presupuestario maltrecho después de un esfuerzo de tal envergadura.

Y aquí ya aparece un primer problema: cada país de la Unión Europea va a endeudarse en cuantías diferentes, según le afecte en mayor o menor medida esta crisis, dura e inesperada. Habrá países que se endeuden un 20% del PIB (como ha sido el caso de España, en una primera cuantía aprobada de 200.000 millones de euros), y otros que sea solo de un 10% o inferior, y no sabemos si estos últimos estarán dispuestos a sufragar parte del déficit generado fuera de sus fronteras. La experiencia nos dice que no están muy a favor, de hecho, los países del norte de Europa están bloqueando la emisión de los denominados, de forma desafortunada, “coronabonos”.

Otro aspecto a tener en cuenta es que, en la UE, los gobiernos de los estados miembros tienen la potestad para decidir sobre política fiscal, salvando las restricciones de déficit que impone Europa, ahora relajadas con motivo de la situación. Pero en términos de política monetaria, los estados no tienen esa potestad para incrementar la oferta monetaria: es una decisión del Banco Central Europeo y ahí es donde está la clave para salir de esta crisis de la forma más rápida y eficaz posible.

Lo cierto es que, en estos momentos, y dada la gravedad de la situación, se hace del todo necesaria la emisión de esa deuda. Si no se adoptan este tipo de medidas y en la cuantía adecuada el futuro se plantea muy difícil. Es necesaria una política monetaria expansiva de forma inmediata y continuada en el tiempo por parte de Europa, que transmita confianza a los mercados y sobre todo a las personas

Las personas, motor de la recuperación del consumo, no podemos esperar que éste se recupere de una forma rápida después de la crisis: va a ser una recuperación lenta, porque, habida cuenta de lo vivido, a las personas nos surgirán dudas, y las dudas en economía se traducen en temor, es decir, en menos consumo y mayor ahorro. En este sentido, habrá sectores que sufrirán más que otros: los que requieran un mayor desembolso para consumir sufrirán más. Esta situación irá cambiando conforme la confianza vaya asentándose en el ánimo de la población. Esta labor de fomentar esa confianza en las personas, clave fundamental de la recuperación, es una de las grandes responsabilidades de las autoridades económicas.

Lo más importante ahora es que las decisiones se tomen cuanto antes y que las medidas adoptadas sean aplicadas de forma inmediata, para obtener resultados lo más rápido posible, es decir, que le ganemos tiempo al tiempo.

Evidentemente todo este panorama post-crisis nos lleva a un escenario donde la capacidad de generar empleo será menor, con crecimientos negativos del PIB, con tipos de interés bajísimos (incluso negativos en términos reales) y por supuesto, de vuelta al sobreendeudamiento.

Para terminar, si el déficit crece mucho o poco debe ser una preocupación secundaria: es una crisis de supervivencia del sistema establecido y la prioridad es que las personas no sufran más de lo estrictamente inevitable. En un momento como este la Unión Europea debe dar sentido a su existencia, y hacerlo desde la unidad y el consenso, pues se juega su razón de ser.

Antonio Planes Buitrago

Socio Director de Inforges Consultores

 

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